Descripción
El psicoanálisis sufre un doble proceso de desprestigio. Por un lado, los medios de comunicación lo banalizan en extremo, mostrando una imagen patética con terapias interminables, analistas apáticos y sesiones centradas en torno al sexo y los padres. Por el otro, desde los ámbitos académicos se lo tacha de acientífico, el peor epíteto que cualquier disciplina puede recibir. Todo esto -que ya sucedía en los tiempos de Freud-, contrasta notablemente con otro doble fenómeno, en este caso de reconocimiento.
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